El invierno de los Proyectos Vitales, cierre hacia el Sentido de Vida
Finalizo la serie de artículos que aportan a tu construcción de Sentido de Vida.
Recordamos:
Hace 5 artículos (como pasa el tiempo) hablé de:
El sentido de vida se hace en base a Proyectos más pequeños.
Estos tienen 4 estaciones (primavera, verano, otoño e invierno), a modo de símil del recorrido de los mismos.
Hace 4 conté que el primer problema era salir de 2 falacias sobre el sentido.
Tan solo, hace 3 pudiste leer los problemas de “Primavera”. Que es plantar mal las semillas del proyecto, desde las etapas anteriores a las prisas por cerrar etapa.
2 atrás conté que en “Verano” te atascas con una variedad de problemas que te sacan del cosechar y regar, o que te condenan a hacerlo sin frutos.
Y justo en el último artículo, del engañoso “Otoño”, por parecer que el trabajo duro ya pasó, pero el trabajo emocional e intelectual es de los más fuertes de todo el ciclo.
Si quieres estos artículos, contesta al correo y te los mando.
Vamos a por la última estación. El Invierno (reposo y preparación del suelo).
Parece un chiste, que la etapa que más aterra a las personas en la sociedad actual. Nos han enseñado a estar siempre produciendo, por lo que parar la maquinaria es como fallarle al sistema y se siente angustia.
Y para que no andes buscando lo que era:
La etapa de la introspección. A menudo, visto como un tiempo difícil, el invierno es crucial para el descanso y la preparación. La muerte de lo que fue, da paso (imprescindible) a lo que vendrá.
Enfoque: Introspección lenta, sanación del esfuerzo, reevaluación y descanso profundo. Es la etapa de "qué bien se está aquí dentro".
Mentalidad: Resiliencia. Aceptar la soledad o las dificultades como parte del proceso de fortalecimiento. Entrar dentro de ti parar regenerarte.
Acción: Recuperar energía, afilar las herramientas y planificar la próxima siembra (primavera).
Aquí tienes los barrizales y problemas en los que se suele tropezar cuando toca hibernar:
Quedarse a vivir en la cueva (la hibernación infinita).
Ese "qué bien se está aquí dentro" es peligrosísimo si te descuidas. El invierno es para lamerte las heridas, curarlas y coger fuerza, no para esconderte del mundo por miedo a volver a exponerte. Si la introspección se alarga demasiado y se convierte en apatía, desconexión total o aislamiento crónico, te pudres en la cueva.
Es mucho más necesario volver al terreno si la cosecha no fue buena, para no alimentar los miedos.
Huir del silencio y de los fantasmas propios (falta de auto-escucha).
En el invierno vital no está la acción del verano ni los frutos del otoño que te distraigan. Estás tú a solas con tus movidas, y eso acojona. En lugar de hacer esa "introspección a fuego lento", te llenas de ruido externo: maratones de Netflix, scroll infinito, o planes vacíos para no tener que escucharte. Quieres evitar la soledad a toda costa, saltándote el proceso de fortalecimiento.
Vivir el invierno como una condena (victimismo).
Ver la "muerte de lo que fue" como una tragedia y no como el paso imprescindible para lo que vendrá. Es quedarse enganchado en la queja ("qué frío hace", "qué solo estoy", "qué estancado me siento") en lugar de enfocarlo en la resiliencia. A ver, que un poquito te lo compro, porque no vas a negarte la emoción. Pero una vez transitado, hay que cambiar el chip: no te han enterrado vivo, te han plantado. Necesitas partir de la oscuridad para poder germinar.
La culpa por echar el freno (el miedo a no hacer nada).
Vivimos programados para rendir. Si te sientas en el sofá o pasas una temporada sin un "gran objetivo", sientes que estás perdiendo el tiempo, estancándote o fracasando. Descansar con remordimientos no es descansar, es torturarte en horizontal. Si la tierra no reposa, se vuelve estéril; pero si reposa con culpa, no se regenera.
Darte tiempo para ti no es perderlo, ni deberías temerlo, es la necesidad de soltar lo viejo camino de lo nuevo.
El descanso "productivo" (afilar el hacha hasta romperla).
Dices que vas a parar y a prepararte, pero tu forma de hacerlo es apuntarte a tres formaciones, leer cinco libros de desarrollo personal y hacer esquemas complejos. Eso no es sanación del esfuerzo, es seguir trabajando con otro disfraz. Si no hay un descanso profundo y genuino, llegarás a la primavera igual de reventado.
Sembrar en la nieve por pura impaciencia (ansia viva).
Como no aguantas la incertidumbre de no tener un propósito claro (aquí volvemos a la frase de tu primer correo sobre "no tener ni idea de qué hacer con tu vida"), te entra la ansiedad. Te inventas un proyecto deprisa y corriendo y te lanzas a ejecutarlo en pleno enero. Las semillas plantadas en la nieve se congelan. Toca aguantar el tipo y esperar a que el clima cambie.
El invierno está lleno de emociones a transitar.
Ojo-cuidao, que no son tan simples de hacer en solitario, por lo que si ya tienes claro que te gustaría verlo conmigo:
1º te suscribes en el cajetín al final del artículo (por política de privacidad y hacer filtro).
2º me contestas a cualquiera de los emails que te mande.
Un abrazo,
Manu
PD 1: Si encuentras más dificultades invernales, escribe porfi.
PD 2: Resumiendo… vas a pasar peor invierno que un Dragón de Komodo en Siberia, en caso de:
Quedarse a vivir en la cueva (la hibernación infinita).
Huir del silencio y de los fantasmas propios (falta de auto-escucha).
Vivir el invierno como una condena (victimismo).
La culpa por echar el freno (el miedo a no hacer nada).
El descanso "productivo" (afilar el hacha hasta romperla).
Sembrar en la nieve por pura impaciencia (ansia viva).
PD 3: Esto se lo mando a mis suscriptores.
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